La política de la memoria, la manera en que una obra es percibida y transmitida, la historia de una transmisión hecha carne en el escenario: desde hace mucho tiempo, Olga de Soto ha colocado la cuestión del archivo en el corazón de su trabajo. Durante años ha seguido la pista de The Green Table de Kurt Jooss — un ballet satírico que se convirtió en una leyenda del Tanztheater alemán, creado en 1932 en el Théâtre des Champs-Élysées, cuando el nazismo se extendía por Europa. Inspirada en una danza medieval de la muerte, esta pieza en ocho escenas para dieciséis intérpretes denuncia, a través de la mímica y la danza expresiva, el absurdo y la salvajada de la guerra. A menudo llamado el primer ballet político, ha viajado a través de las décadas desde entonces, llevando consigo su mensaje pacifista.
Alerta a todo lo que la obra contiene y que puede reactivarse, Olga de Soto construye un diálogo vivo e ininterrumpido con ella, trayendo el cuerpo, literalmente, al archivo. En un escenario vacío, junto a una pantalla que muestra vídeos y documentos de época, cuenta la historia de este ballet — sus orígenes, su recepción, su legado — y comparte con el público el hilo de su larga investigación. Ante nuestros ojos, el archivo cobra vida: esta Green Table revisitada recupera su aliento porque cuestiona cómo persisten las imágenes de la violencia en nuestras sociedades e ilumina nuestros puntos ciegos, en un bucle inquietante del tiempo.