Héla Fattoumi y Sondos Belhassen comparten mucho más que un parecido familiar sorprendente. Durante el tiempo de un encuentro abierto a lo inesperado, aparecen como dos twama — hermanas gemelas, en árabe — reflejándose mutuamente una imagen que es a la vez real e imaginada. Dos trayectorias artísticas, llenas de historias vividas: la primera llegó a Francia siendo niña, se convirtió en coreógrafa y ha codirigido los Centros Coreográficos Nacionales de Francia desde 2004, trabajando con artistas visuales y diseñadores; la segunda, radicada en Túnez después de estudiar en Francia, desarrolla simultáneamente carreras como actriz, intérprete y coreógrafa.
Durante más de treinta años, cada una siguió el camino de la otra desde la distancia. Fue en Túnez donde Sondos Belhassen vio por primera vez a Héla Fattoumi explorar su vínculo complejo con Túnez y el lugar de la mujer, en sus solos Wasla (1998) y Manta (2009). Reunidas en escena por primera vez, estas dos hermanas afines comparten recuerdos de sus barrios, de fiestas, de sus sueños adolescentes — pero sin rastro de nostalgia, para mejor reconocerse mutuamente como en un espejo deformante. Juntas cuestionan el cuerpo que danza cuando se encuentra con la edad, los orígenes y las marcas dejadas por la vida, dejando que su gemelaridad soñada cobre vida.